Psicología

no sentirse suficiente

No sentirse suficiente, ¿cómo superarlo?

¿Te has sentido alguna vez como si nunca fueras lo suficientemente bueno, a pesar de tus logros y esfuerzos? Esa sensación de no sentirse suficiente puede influir profundamente en cómo nos percibimos y cómo interactuamos con los demás. Aquí te comparto los principales síntomas de esta creencia, para que puedas identificar si te ocurre algo similar:

1. Te dejas al último

Uno de los signos más comunes es postergar tus propias necesidades para priorizar las de los demás. Puede manifestarse en cosas pequeñas, como servirte de comer al último, o más significativas, como cancelar tus actividades de autocuidado para atender a otros.

2. Ignoras tu propia opinión

¿Alguna vez te has encontrado en una situación en la que no sabes realmente qué opinas? Esto puede suceder cuando te acostumbras tanto a escuchar y priorizar las opiniones de los demás que dejas de lado la tuya.

3. No inviertes en ti

Si inviertes tiempo, dinero y atención en otras personas, pero apenas te das lo mínimo necesario para sobrevivir, es un claro indicativo de que no te estás valorando lo suficiente.

4. Aceptas ser elegido sin preguntarte si tú quieres elegir

Otro síntoma es cuando alguien te elige como pareja, amigo o empleado y ni siquiera te detienes a preguntarte si eso es lo que tú realmente deseas. Te conformas con ser elegido, sin darte cuenta de que también tienes el poder de elegir.

5. Aceptas menos amor y respeto del que mereces

Si aceptas recibir poco amor, atención o respeto, o incluso soportas maltratos, injusticias y abusos, puede deberse a que sientes que no mereces más.

6. Te cuesta aceptar halagos

¿Te incomoda cuando alguien te elogia o agradece por algo? Esto puede ser una señal de que te cuesta reconocer tus propios méritos, como si no merecieras ese reconocimiento.

7. “Síndrome del impostor”

El famoso síndrome del impostor también puede ser un síntoma. Es cuando te sientes como un fraude, incluso si sabes lo que haces. Te cuestionas si realmente tienes la capacidad de ayudar a otros o avanzar en tu carrera, y piensas que aún te falta más por aprender o hacer.

8. Crítico interno severo

Tu propio crítico interno es implacable y te dice que nunca es suficiente. Siempre crees que deberías esforzarte más o evitar equivocarte. Este pensamiento constante de que no lo estás haciendo bien te agota y limita.

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9. Comparaciones constantes

Si te comparas constantemente con los demás y siempre encuentras que te falta algo en comparación con ellos, es un síntoma claro de que no te sientes suficiente. Magnificas las fortalezas de los demás mientras minimizas las tuyas.

10. Sentirte incapaz ante los retos

Finalmente, si los retos de la vida te abruman y te hacen sentir que no puedes superarlos, podrías estar desarrollando relaciones de dependencia con personas que percibes como más fuertes o capaces que tú.


¿Te identificas con estos puntos?

Si es así, no te juzgues. Esto no es algo que elegiste; son creencias que aprendiste, posiblemente derivadas de heridas emocionales como el rechazo, el abandono o la injusticia. Estas experiencias nos hacen creer que no somos suficientes para ser vistos, reconocidos o respetados.

De niños, solemos interpretar las experiencias negativas como un reflejo de que hay algo mal en nosotros. Con el tiempo, estas creencias se arraigan y nos afectan como adultos. Además, las creencias familiares o culturales, como “tienes que esforzarte más” o “tienes que ser como los demás”, también contribuyen a que nunca nos sintamos suficientes.

¿Cómo romper con esta creencia?

La clave está en darte cuenta de que la creencia “no soy suficiente” es solo eso: una creencia, no una realidad. No importa cuántos requisitos cumplas o cuántos logros alcances, si no trabajas en cambiar esta percepción, seguirás sintiéndote insuficiente.

Empieza por valorarte, invertir en ti mismo, y aceptar que mereces lo mejor sin necesidad de cumplir con expectativas irreales. Recuerda que la suficiencia no viene de lo externo, sino de cómo te percibes a ti mismo.

Cambiar esta creencia toma tiempo, pero es posible. Trabaja en tu autoestima y en el reconocimiento de tu valor intrínseco. Tú eres suficiente, solo tienes que creerlo.

¿Te has identificado con alguno de estos síntomas? ¡Déjame tus comentarios y comparte tu experiencia!

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estrés laboral

Estrés laboral

La pandemia de COVID-19 ha cambiado drásticamente la forma en que trabajamos, y con ello, ha aumentado significativamente el estrés laboral. El teletrabajo, aunque ha sido una solución crucial para mantener la actividad económica durante la crisis sanitaria, también ha traído consigo una serie de desafíos que han impactado la salud mental y el bienestar de los trabajadores.

¿Qué es el Estrés Laboral?

El estrés laboral es una respuesta natural del cuerpo y la mente para adaptarse a presiones en el entorno de trabajo. Se manifiesta a nivel fisiológico, psicológico y conductual, y surge cuando intentamos recuperar el equilibrio frente a demandas que percibimos como abrumadoras. Durante la pandemia, este tipo de estrés se ha intensificado debido al teletrabajo y otros factores asociados al confinamiento.

Impacto del Teletrabajo en el Estrés Laboral

El teletrabajo, definido como el uso de tecnologías para trabajar fuera de las instalaciones del empleador, se ha convertido en una práctica común durante la pandemia. Sin embargo, este cambio ha conllevado nuevos factores de estrés:

  • Aislamiento social: la falta de interacción directa con compañeros y jefes puede generar sentimientos de soledad y desconexión.
  • Espacios de trabajo inadecuados: no todos los hogares están equipados para el trabajo remoto, lo que puede resultar en posturas incómodas y distracciones.
  • Presión laboral incrementada: la incertidumbre económica y laboral ha llevado a un aumento de las expectativas y la carga de trabajo.

Efectos del Estrés Laboral en la Salud

Los efectos del estrés laboral se han manifestado de manera aguda durante la pandemia. Entre los más comunes se encuentran:

  • Aumento de la ansiedad y depresión.
  • Empeoramiento de la salud física, con síntomas como dolores de cabeza, tensión muscular, y fatiga.
  • Problemas de concentración y mal humor.
  • Ausencia de hábitos y rutinas saludables, lo que agrava el malestar general.

Estrategias para Manejar el Estrés Laboral

Ante estos desafíos, es esencial implementar estrategias efectivas para manejar el estrés laboral. Algunas recomendaciones incluyen:

  1. Establecer un equilibrio entre la vida personal y laboral: Definir horarios y límites claros para evitar el agotamiento.
  2. Crear un espacio de trabajo adecuado: Adaptar un lugar en casa que sea cómodo y libre de distracciones.
  3. Mantener un diálogo abierto con compañeros y superiores: La comunicación es clave para manejar expectativas y reducir la presión.
  4. Realizar pausas activas durante la jornada: Incluir ejercicios físicos y técnicas de relajación para aliviar la tensión.
  5. Adoptar hábitos saludables: Comer bien, hacer ejercicio regularmente, y dedicar tiempo al ocio son fundamentales.
  6. Buscar apoyo profesional: Los psicólogos y terapeutas pueden ofrecer herramientas valiosas para prevenir y enfrentar el estrés.

Si estás pasando por un momento de estrés laboral, ponte en contacto con nosotros para sesiones terapéuticas. Contamos con sesiones online para atenderte en cualquier parte del mundo, pincha aquí y agenda con nosotros

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síndrome de burnout y psicólogos

El síndrome de Burnout y su impacto en los psicólogos

Desde hace unos años, se estudia el impacto del síndrome de burnout, cuando los mecanismos de adaptación del estrés sostenido fracasan, ya que este tiene un impacto importante tanto en la vida de la persona como dentro de las organizaciones (Blanca, et al. 2013). El burnout desde que se comenzó a investigar se ha asociado mucho a las profesiones que requieren atención al público directa, tal es el caso de las profesiones sanitarias como los psicólogos (Ortíz y Ortega, 2009).

Parte de esto último se debe a que cuando se trabaja como sanitario, las funciones ejercidas van desde el apoyo, la ayuda hasta dar un servicio que puede llegar a desgastar a nivel físico y mental (Ortíz y Ortega, 2009).

¿Qué es el síndrome de burnout?

El síndrome de burnout es un trastorno psicológico, que puede afectar a profesionales de diferentes ramas (sanitarios, docentes, policías, entre muchos otros). Las características de todo esto, es que suelen ser ocupaciones que están muy expuestas a interactuar con usuarios o clientes, que presentan necesidades importantes y que demandan respuestas (Blanca, et al. 2013).

Normalmente, el síndrome de burnout aparece cuando la persona he estado expuesta a un estrés sostenido en el tiempo y sus mecanismos para adaptarse a esa situación ya no funcionan. Los recursos personales, ya no son suficientes para ese nivel de demanda físico y mental, por lo que comienzan una serie de síntomas como: cansancio emocional, falta de energía, desinterés hacia las personas que se atienden, despersonalización, falta de motivación, sensación de fracaso personal, que deteriora la vida personal y laboral del trabajador (Ortíz y Ortega, 2009).

¿Cómo se manifiesta el burnout?

Hay diversas manifestaciones psicológicas, emocionales y conductuales como: ansiedad, irritabilidad, aburrimiento, depresión, falta de atención, mal humor, poca concentración, indiferencia tanto a las tareas laborales como hacia la gente, también hay insomnio, contracturas musculares, taquicardias, fatiga, migraña, problemas gástricos, absentismo laboral, poca comunicación y desinterés en el cumplimiento de las metas laborales y personales (Blanca, et al. 2013).

¿Cuál es el impacto del síndrome de burnout en los psicólogos?

La mayoría de las investigaciones realizadas sobre el síndrome de burnout, se han realizado en profesiones asistenciales, una de esta es la figura del psicólogo clínico y sanitario. Siendo que la psicología clínica y sanitaria trabaja con personas con dificultades de salud mental o dificultades significativas, y su implicación en estos procesos es mayor que en cualquier otra profesión sanitaria (Oñate, et al. 2016).

Oñate, et al. 2016, señala que el trabajo de un psicólogo puede impactarlo de una forma positiva o negativa. De forma positiva, porque el trabajo terapéutico puede ayudar tanto al terapeuta como a su cliente y de forma negativa, porque la exposición al conflicto de los demás, puede generar desgastes y, por tanto, afectar la vida profesional del terapeuta, así como su vida personal.

Muchas de las causas del burnout en psicólogos, es debido a la frustración de no poder cumplir con las metas, normalmente relacionadas con el rol terapéutico (responsabilidad, atención a los casos y preocupación individual), además de las dificultades del proceso terapéutico o condiciones del trabajo, esto último, se ve reflejado más en psicólogos clínicos o sanitarios que trabajan en instituciones, que aquellos que ejercen la práctica privada (Benavides, et al. 2010).

La primera causa que se asocia con el burnout en los psicólogos es la percepción de no tener éxito en el tratamiento del paciente, ante esta situación aparecen sentimientos de frustración y fracaso, que, si se juntan con la baja autoestima o un perfil de personalidad perfeccionista, hacen que aparezca rápidamente los síntomas del burnout (Partarrieu, 2018).

La segunda causa tiene que ver con la sobrecarga laboral o la complejidad de los pacientes que se atienden. Sumado a esto, si el terapeuta presenta rasgos perfeccionistas de la personalidad, se manifiesta el síndrome de burnout (Partarrieu, 2018).

¿Cómo podemos medir el síndrome de burnout en psicólogos?

Existen escalas generales que miden tanto los síntomas del estrés laboral como el síndrome del burnout, tal es el caso del MBI, Maslach Burnout Inventory, que busca profundizar en puntos importantes en profesiones asistenciales (Benavides, et al. 2002).

De forma más específica, se cuenta con el Psychologist’s Burnout Inventory. En español contamos con el IBP que está dirigido a psicólogos, para evaluar específicamente las dimensiones que afectan más a los terapeutas y psicólogos, como son el cansancio emocional, la despersonalización y la realización personal (Benavides, et al. 2002).

Medidas de afrontamiento para la prevención del burnout en psicólogos

El autocuidado son todos los comportamientos que se realizan enfocados en la prevención y tratamiento de la salud física y mental. Estas conductas ayudan a disminuir el impacto que tiene el estrés y especialmente el estrés prolongado que genera el síndrome de burnout, ya que incide en aspectos como la calidad de vida, el desempeño profesional y persona y el afecto positivo (Benevides, et al, 2010; Valdes, et al. 2020). El autocuidado, junto con las estrategias de afrontamiento, son las que permitirán que el síndrome de burnout se supere con el tiempo.

Una de las características a destacar sobre el síndrome de burnout en los psicólogos, es que se cree que debido a que los psicólogos promueven constantemente conductas de autocuidado para sus pacientes, serán capaces de aplicar estas estrategias para sí mismos, sin embargo, esto no siempre es así, muchas veces los psicólogos necesitarán aplicar algunas estrategias diferentes como puede ser la terapia personal y la supervisión de casos para poder sobreponerse al síndrome de burnout (Valdes, et al. 2020).  De la misma forma, investigaciones como la de Oñate, et al. 2016, nos muestra que el área de mayor afectación en psicólogos clínicos es la del desgaste emocional.

Por esto es importante, que el psicólogo pueda trabajar en los aspectos positivos de su profesión, como la empatía, la habilidad de autorreflexión, compresión en el comportamiento de los demás y el suyo propio, adquirir habilidades para poner límites y aprender a regular sus emociones (Benavides, et al. 2002). La regulación emocional entonces ayudará a que la persona tenga comportamientos más adaptativos en los diferentes contextos de su vida, incluyendo el laboral, contribuyendo también características como el autoconcepto y la autoestima, que permitirán al profesional poder valor mejor su trabajo (Valdes, et al. 2020)

Conclusión

El síndrome de burnout es algo que puede afectar a cualquier persona, pero aquellas que están expuestas constantemente a intervenir con otros, como es el caso de los psicólogos, están más expuestos. Por lo que se hace vital, que los profesionales de la salud mental puedan aprender de estrategias de afrontamiento tanto para regular su práctica profesional como para su vida personal y así no llegar al extremo de sentirse quemados en su trabajo.

Bibliografía.

Benevides, A., Moreno-Jiménez, B., Hernández, E., y Gutiérrez, J. (2002). La evaluación específica del síndrome de Burnout en psicólogos: el» inventario de Burnout de psicólogos». Clínica y salud13(3), 257-283. https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=180618090002

Benevides, A., Porto-Martins, P., y Basso, P. (2010). Síndrome de burnout en psicólogos clínicos.  Ponencia presentada en el 11vo Congreso Virtual de Psiquiatría: Interpsiquis. https://www.researchgate.net/profile/Ana-Benevides-Pereira/publication/41528961_Sindrome_de_Burnout_en_psicologos_clinicos/links/0deec535c4eda91c75000000/Sindrome-de-Burnout-en-psicologos-clinicos.pdf

Blanca, I., García, G., Bosch, V., Méndez, J. y Luque, C. (2013). Burnout en psicólogos de la salud: características laborales relacionadas. Psicología y Salud, 23 (2) 217-226. https://doi.org/10.25009/pys.v23i2.503

Oñate, M., Resett, S., Menghi, M. y Iglesia, M. (2016). Burnout y autoconcepto en psicólogos clínicos. Revista de Psicoterapia, 27 (103), 215-229. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5399245

Ortíz, G. y Ortega, M. (2009). El síndrome de burnout en psicólogos y su relación con la sintomatología asociada al estrés. Psicología y Salud, 19, (2) 207-214. https://doi.org/10.25009/pys.v19i2.630.

Partarrieu, A. (2018). Síndrome de Burnout en psicólogos clínicos y su relación el perfeccionismo. X Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología XXV Jornadas de Investigación XIV Encuentro de Investigadores en Psicología del MERCOSUR. Facultad de Psicología – Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires.

Valdés, K., González-Tovar, J., Hernández, A. y Sánchez L. (2020). Regulación emocional, autocuidado y burnout en psicólogos clínicos ante el trabajo en casa por confinamiento debido al COVID-19. Revista Colombiana de Salud Ocupacional
10
(1) https://doi.org/10.18041/2322-634X/rcso.1.2020.6430

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problemas psicológico o trastorno

¿Cómo saber si sufro de un trastorno psicológico?

Si nos fijamos a pie de calle, el hecho de que los conceptos psicológicos estén fácilmente a nuestro alcance, ya sea a través de libros, películas, series o videos de YouTube o TikTok, ha favorecido que etiquetemos, de forma habitual, a las personas de nuestro alrededor con un determinado trastorno mental.

Si alguien nos cuenta que ha estado llorando todo el día, le decimos que eso es depresión; y si el hijo de la vecina no para quieto es porque sufre de un déficit de atención con hiperactividad; o si un amigo nos comenta que últimamente se siente nervioso es porque tiene estrés. Que decir cuando percibimos en nosotros mismos una serie de síntomas de malestar poco habituales… En esas situaciones nos angustiamos si empezamos a creer que padecemos un trastorno mental, y que se acrecienta si las personas de nuestro alrededor corroboran esa idea. Y aunque algunas veces, nuestra intuición no nos falla, otras podemos estar totalmente equivocados.

Establecer una línea de separación entre un comportamiento normal y uno patológico (trastorno mental) puede llegar a ser una tarea difícil, ya que depende de diferentes factores y circunstancias y tampoco existe un criterio unánime entre la comunidad científica que distinga claramente ambas condiciones.

Una de las dificultades radica en que la aparición de un síntoma (o varios) en una persona puede deberse a un trastorno mental, pero el mismo/s síntoma en otra situación o persona puede ser totalmente normal. Por ejemplo, si una persona está apática, sin energía y con ganas de llorar, es posible que esté padeciendo un trastorno del estado de ánimo, pero si descubrimos que está sintiéndose así por la muerte reciente de un ser querido, podemos concluir que es un «comportamiento totalmente normal«. En otros casos, la línea que separa cuando es un trastorno y cuando no lo es más fina.

¿Qué es un «comportamiento normal»?

Para entender la diferencia, podemos partir de lo que entendemos por comportamiento normal, que sería el comportamiento más habitual que realizan la mayoría de personas, del mismo grupo y rango de edad, en una determinada circunstancia y que favorece al desarrollo personal, a las actividades y objetivos fijados, generando actitudes funcionales tanto para la vida como en las relaciones con los demás. Es decir, es la forma de actuar más esperable y semejante en el que la mayoría de personas actuaría en esa misma situación.

¿Qué es un comportamiento patológico?

Ahora mismo os estaréis preguntando: bueno, y entonces, ¿qué es un comportamiento patológico? El trastorno mental sería aquella forma de comportarse poco frecuente y que se aleja de como lo harían la mayoría de personas.  Aun así, esta distinción no es del todo confiable, porque hay comportamientos poco frecuentes que realizan las personas y que no los catalogaríamos de trastorno mental.

 Uno de los factores definitorios del trastorno mental es que acostumbra a causar malestar a la persona que lo sufre y a su entorno próximo. Afecta a la forma de pensar (generando distorsiones), a la gestión emocional, a la capacidad de solucionar problemas y al desarrollo de la personalidad y/o aprendizaje. Aunque no en todos los casos.

Para concretar qué más puede considerarse como un trastorno mental y que no lo es, podemos tomar como referencia la definición que nos proporciona el manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5) de la asociación americana de psiquiatría (APA):

Un trastorno mental es un síndrome caracterizado por una alteración clínicamente significativa del estado cognitivo, la regulación emocional o el comportamiento del individuo que refleja una disfunción de los procesos psicológicos, biológicos o del desarrollo que subyacen en su función mental. Habitualmente, los trastornos mentales van asociados a un estrés significativo o a discapacidad, ya sea social, laboral o de otras actividades importantes. Una respuesta predecible o culturalmente aceptable ante un estrés usual o una pérdida, tal como la muerte de un ser querido, no constituye un trastorno mental. Los comportamientos socialmente anómalos (ya sean políticos, religiosos o sexuales) y los conflictos existentes principalmente entre el individuo y la sociedad no son trastornos mentales, salvo que la anomalía o el conflicto se deba a una disfunción del individuo como las descritas anteriormente.”

DSM -V

Factores de un trastorno mental

De lo expuesto hasta ahora, podemos rescatar varios factores que pueden ayudarnos a determinar cuándo podemos considerar que estamos frente a un trastorno mental, y que exponemos a continuación:

  • El malestar significativo o discapacidad: en la casi totalidad de trastornos se indica que debe existir un deterioro o malestar de la persona en una o varias áreas. Lo más habitual es que ese malestar sea personal e interno, donde aparecen sensaciones físicas y pensamientos que se perciben como desagradables, anómalas e involuntarias. Por tanto, si hay sufrimiento es un indicador de trastorno mental. Pero, aunque la mayoría de veces es así, otras veces, no es imprescindible la aparición de ese sufrimiento interno, sino que la patología se ubica en el deterioro de otras áreas de la vida, como la laboral, social o familiar. Por ejemplo, una persona con un trastorno de personalidad puede sentirse a gusto y feliz consigo misma, pero, por otro lado, sus comportamientos disfuncionales pueden estar afectando negativamente a varias áreas de su vida, deteriorando sus relaciones sociales, de pareja, etc.
  • Contexto vital: como nos indica el DSM, el momento en que aparece el malestar también puede ayudarnos a discernir si se trata de un trastorno o no. Como dijimos antes, si el malestar es esperable por la situación en la que vive la persona (como tristeza ante una pérdida, nervios antes un examen, etc.) no debería considerarse como patológico. En cambio, si el comportamiento o reacción (tanto por defecto como por exceso) no es acorde a la situación en la que aparece, es un indicio de que se trate de un trastorno mental.
  • El número de síntomas: en algunos trastornos mentales es necesario la aparición de un mínimo número de síntomas para considerarlo un determinado trastorno.  Por ejemplo, en el trastorno Depresivo Mayor es necesario cumplir un mínimo de cinco síntomas. Cuanto más síntomas haya más probable es que se trate de un trastorno mental. También es indicador de la gravedad del trastorno.
  • Frecuencia: el número de veces en el que aparecen los síntomas (malestar) o un comportamiento anómalo también es un indicador de trastorno mental. Un malestar puntual no suele considerarse como patológico, en cambio, un malestar que aparece dos o tres veces al día, es señal de un trastorno grave. Así que, cuanto mayor sea la frecuencia, más probable de que sea un trastorno patológico.
  • Coherencia en el discurso: la desorganización, la incoherencia en el habla o la incapacidad de comunicarse pueden ser otros indicativos de padecer un trastorno mental.
  • Áreas afectadas: el malestar patológico puede surgir solo en un área o situación determinada (como por ejemplo una fobia específica) o manifestarse en varias áreas de vida. Cuantas más áreas afecte más incapacitante y grave es.
  • Aparición de pensamientos irracionales (rígidos y extremos): la mayoría de trastornos mentales tienen en común la afectación de las cogniciones en forma de creencias, suposiciones y sesgos, que son formas de interpretar la realidad poco adaptativas y rígidas, y acostumbran a ser extremas y catastróficas.

Conclusión

En resumidas cuentas: en la mayoría de casos, podemos sospechar que padecemos un trastorno mental (o alguien cercano lo padece), cuando tenemos un malestar o deterioro significativo que afecta a una o varias áreas de vida de la persona, ya sea a nivel personal, social o laboral. Una afectación que altera la forma de pensar, actuar y sentir de la persona y que no sería una consecuencia esperable de un acontecimiento determinado.

Si después de leer este artículo te han surgido dudas, puedes consultarnos a info@insightmental.com y te contestaremos lo antes posible. También puedes seguirnos en nuestras redes sociales.

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5 señales para saber si sobrepiensas

8 señales para saber si sobrepiensas

Nosotros los seres humanos pensamos todo el tiempo, lo que pasa es que muchas veces esto puede generarnos malestar y hacernos sentir mal, sobretodo, si estamos sobrepensando las cosas.

Como pensamos, afecta nuestras emociones, comportamientos y sentimientos.

¿Qué es la rumiación?

Es un pensamiento repetitivo sobre los problemas o preocupaciones que tenemos. La rumia se presenta muchas veces de manera involuntaria y genera mucha actividad mental, lo que consume mucha energía de la persona que está en ese proceso rumiativo.

A la rumiación también la llamamos sobrepensar.

Diferencia entre preocupación, rumiación y pensamiento obsesivo

Muchas veces estos tres términos se confunden o los utilizamos como si fueran sinónimos, pero hay algunas diferencias entre ellos

La preocupación:

Es un pensamiento continuo negativo que representa la oportunidad de dar con una solución.

La rumiación

Como te decía arriba, es un pensamiento repetitivo sobre los problemas que tenemos, fracasos y preocupaciones.

Pensamiento obsesivo

Es la fijación que tenemos sobre una idea y que genera mucho malestar.

Si te das cuenta las tres coinciden en que el pensamiento es repetitivo y perseverante, no para.

7 señales para saber si sobrepiensas

  1. La presencia de pensamientos negativos de forma automática, sobre uno mismo, los otros y el mundo.
  2. Catastrofizar las situaciones, siempre te colocas en lo peor, el escenario más fatalista.
  3. Revives constantemente situaciones o conversaciones en tu cabeza, buscando cómo podrías resolverlas de «mejor manera».
  4. Pensar constantemente sobre cosas del pasado que generan cansancio e impaciencia.
  5. Insomnio y problemas para conciliar el sueño por los pensamientos constantes.
  6. Te es imposible diferenciar lo que está en tu control y lo que no.
  7. Tienes una incapacidad de no tomar decisiones, te cuesta resolver problemas

¿Cómo podemos tratar la rumiación?

  • Lo primero es darnos cuenta de que estamos sobrepensando. Normalmente, te darás cuenta porque tienes cansancio mental.
  • Identifica lo que pasa en tu cuerpo y cómo están tus emociones. Si puedes escríbelo,
  • Busca ayuda profesional. Con un profesional podrás evaluar si lo que te pasa es un trastorno de ansiedad o si es otra cosa y aprender herramientas para trabajarlo. Te dejo aquí para que revises nuestra página de servicios.
  • Aprende a meditar, sobretodo para calmar la mente ansiosa.

Recuerda que todos pensamos y nos preocupamos sobre las cosas que nos pasan, el problema es no parar de pensar en ello y que esto no nos permita poder solucionarlo.

Te dejo acá un video corto de Instagram que hice de herramientas para calmar la mente ansiosa.

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Crítico interno

¿Lo hago todo mal? Cómo detectar a nuestro crítico interno

Lo hago todo mal”, “no sirvo para nada”, “soy un inútil” son expresiones que algunas veces nos decimos a nosotros mismos cuando cometemos errores o las cosas no salen como uno esperaba. En estas situaciones, las personas con baja autoestima (aunque la mayoría hemos recurrido a esta forma de tratarnos alguna vez), se culpabilizan de todo lo que ocurre dando voz a lo que podríamos llamar un crítico interno (o autocrítica patológica), una especie de diálogo internonegativoque genera malestar

Este crítico interno se caracteriza por su rigidez y credibilidad. Cuando él toma la palabra y se dirige a nosotros, sus comentarios son incuestionables y se asumen como verdades absolutas, fuera de toda duda. Y esto sucede porque el crítico interno forma parte de nosotros, ha surgido de nuestras experiencias educativas, sociales y relacionales, grabándose en nuestra mente, y en apariencia parece que nos ayuda a tomar las mejores decisiones o a evitar sufrimientos o daños peores.

En sí mismo, el crítico interno es un sistema de autoprotección mal enfocado que en vez de ayudarnos a solucionar los problemas, dudas, situaciones embarazosas o desagradables o fallos que cometemos, nos culpabiliza y nos bloquea. Son los recursos que tenemos y hemos aprendido a lo largo de nuestra vida.

El crítico interno, nos ha servido como una protección en nuestra vida, pero tenemos que aprender que no siempre nos dice la verdad, porque viene de la rigidez

El lenguaje del crítico interno

El lenguaje que utiliza para valorarnos o describirnos se basa en generalizaciones, etiquetaciones, reglas, catastrofizaciones, magnificaciones o exigencias desmesuradas. Es el lenguaje del “yo soy un estúpido“, “es horrible haber metido la pata”, “debería hacerlo todo bien” o “no puedo cometer errores” etc. A demás, no necesita de reflexiones o argumentos elaborados sobre nosotros para definirnos o juzgarnos. Unas pocas palabras bastan y son suficientes para evocar toda una serie de sensaciones desagradables y dolorosas que pretenden que corrijamos nuestra mala conducta, nuestra incapacidad o nuestra forma de ser

crítico interno

El método del crítico interno

El método que utiliza el crítico interno para enmendar los errores o fallos que cometemos se basa en la condena, el castigo o la represión y, normalmente, genera emociones y sentimientos como la culpa, la vergüenza, la ansiedad, la tristeza o la angustia. Irremediablemente, de estos pensamientos críticos y emociones, lo único que surge como forma de respuesta es el bloqueo, la parálisis, la evitación, la huida o la sumisión.  El crítico hace que nos sintamos culpables, desolados y nos censuremos a nosotros mismos y refuerza la forma en que nos sentimos con mensajes castigadores del tipo “te mereces todo lo que te pasa”, “tienes suerte que siga contigo con lo inútil que eres”, “aun has tenido suerte con lo estúpido que eres”, etc.

Difícilmente, a partir de este tipo de mensajes que nos manda nuestro crítico y las sensaciones que provoca, no podemos dedicarle el tiempo suficiente a valorar objetivamente que ha pasado y cual es la mejor forma de responder o actuar en una situación determinada. Por otra parte, nuestro crítico interno acostumbra a atribuir la culpa de los errores, los fallos o las situaciones que nos generan malestar a nosotros mismos. Somos siempre nosotros los CULPABLES de cualquier error, percance, contratiempo,  contrariedad o desgracia que ocurra sin valorar las posibles causas de lo ocurrido o los diferentes responsables. En cambio, la autocrítica sana o la “autorreflexión consciente”, más que buscar culpables y castigarlos, se enfoca y se preocupa en valorar que ha ocurrido de forma objetiva y  qué medidas se pueden tomar para solucionarlo. 

Nuestro crítico interno nos culpa de fallos, errores y del malestar que generan las situaciones

Voluntario vs automático

Además, hay que tener en cuenta que nuestro crítico interno clasifica los sentimientos como buenos  o malos, válidos o no válidos. Ejemplos de sentimientos o emociones buenas o válidas serían por ejemplo la serenidad, la calma, la alegría o la compasión. Todas aquellas que sugieran un orden interno. En cambio, los sentimientos o emociones que generan sensaciones desagradables como la ira, la tristeza, la frustración son rechazados y considerados peligrosos y acostumbran a ser reprimidos. Incluso los que se consideran desmesuradamente “positivos” como una enorme alegría son rechazados. Como comenta Olga Castanyer, nuestro crítico interno solo permite la culpa y la vergüenza y reprime o rechaza todos los demás, reforzando de nuevo la culpa y la vergüenza con nuevos reproches, generando con todo este proceso una enorme angustia. 

Distorsiones cognitivas

Normalmente, los criterios en los que se basa nuestro crítico interno para regir nuestra conducta están fuera de nosotros mismos, son criterios y normas morales, basado en imperativos universales que prescriben lo que es una conducta adecuada. Y aunque, por una parte, estos criterios nos ayudan a la convivencia y regulan nuestras interacciones, el critico interno nos obliga a cumplirlos de una forma extremista, rígida e irreal.

Como si siempre uno tuviera que mantener la calma, estar alegre, no enfadarse y comportarse SIEMPRE BIEN o hacer las cosas perfectas. Mandatos que, llevados al extremo, son imposibles de cumplir.

Y si esta moral superior que nos rige no es suficiente, se recurre a las valoraciones externas, la de otras personas, por la incapacidad, inseguridad o desconfianza que uno tiene a la hora de tomar uno mismo las propias decisiones y responsabilizarse de los propios errores como algo normal y que todo el mundo comete. 

Si te has sentido reflejado al leer esta descripción o has sentido malestar pero has llegado hasta aquí te pido que NO te Rindas. Quizá han aflorado sentimientos como la vergüenza, la culpa, la desesperanza o la tristeza y tienes la irresistible tentación de dejarlo correr y seguir con tu vida. Pero aunque el proceso de cambiar a tu crítico interno sea doloroso porque conecta con aquellas zonas oscuras que tenemos y que preferimos que sigan ocultas, siempre será más valioso y satisfactorio este autoconocimiento y este cambio que seguir con esa sensación de menos desprecio hacia uno mismo, de vacío  y tristeza, de que nada nos llena y siempre los demás tiene la razón y tu eres el que se equivoca.     

Cambiar nuestro crítico interno SI SE PUEDE, es un proceso que nos permite transformarnos y conocernos mejor a nosotros mismos

Y ahora que tienes una mínima idea de cómo se manifiesta tu critico interno te propongo que empieces por sacarlo a la luz y ser MAS CONSCIENTE de cuando aparece con varios autoregistros que podrás encontrar en esta misma página (con el nombre…). Por otra parte si crees que tu situación es muy desesperada o desesperanzadora te recomiendo que no pierdas tiempo y pidas ayuda psicológica tanto a los profesionales de Insight Mental como a cualquier otro que sea accesible para ti. Cuando antes te pongas en marcha para solucionar tu problema más fácil será.

En un siguiente artículo explicaré algunas estrategias que podemos utilizar para modificar nuestro crítico interno por un “ayudante sabio” y puedas decirle BASTA YA!! a tu crítico interno!

Hasta el siguiente post (“Como cambiar nuestro crítico interno”) les mando un efusivo saludo!

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4 tipos de personas toxicas

4 tipos de personas tóxicas ¡Descúbrelas!

Una persona tóxica, es aquella que nos hace creer que no somos capaces de conseguir nada, menosprecia nuestros esfuerzos y nos minimiza, además es fácil de reconocerlas porque son personas que alteran y para mal, nuestro estado de ánimo. En este blog vamos a descubrir 4 tipos de personas tóxicas.

En el libro las nueve revelaciones, Redfield clasifica a estas personas según su capacidad de apoderarse de la atención de su entorno, ya que las personas tóxicas quieren captar la energía del otro, por eso los divide en estos cuatro tipos:

El intimidador:

Nos hace sentir inseguros e incómodos, es una persona que podría dejarse llevar por su rabia o violencia, por lo que genera miedo en las demás personas.

El interrogador:

Es un manipulador, que utiliza la información que obtiene para hacernos sentir inseguros, a través de la crítica busca minar la autoestima.

El distante:

Es aquel que en situaciones sociales se aparta del grupo y adopta un aire melancólico o malhumorado. Esto lo hace para lograr que se acerquen y apoderarse de nuestra atención.

El “pobre de mí”:

Quiere parecer la víctima, buscando siempre la compasión por los lamentos, así consigue ser el centro de atención y anular la realidad del otro.

¿Haz identificado algunos de estos 4 tipos de personas tóxicas en tu vida? Entonces llegó el momento de alejarte de ellas

Quieres leer más sobre este tema? te dejo el siguiente post https://insightmental.com/8-consejos-para-terminar-una-relacion-toxica/. Puedes buscar más información en nuestras redes sociales https://www.instagram.com/insightmental/

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beneficios de la terapia psicológica

8 beneficios de ir a terapia psicológica

Para muchas personas ir al psicólogo es sinónimo de ser una persona débil, pero en realidad, acudir a terapia psicológica trae muchos beneficios, te puede convertir en una persona más fuerte emocionalmente, y te puede aportar herramientas para poder adaptarte mejor a las situaciones difíciles que pueden presentarse al largo de tu vida.

Por tanto, acudir a terapia es un acto de inteligencia y de valentía, ya que en muchas ocasiones la persona que necesita ayuda no es consciente de que tiene el problema o evita afrontar la realidad. Muchas personas desconocen aún en qué momento deberían pensar en acudir a un psicólogo, sobre todo por las falsas creencias sobre qué es la psicología, psicoterapia y a quién va dirigida.

Un psicoterapeuta es un profesional de la salud mental especializado en las áreas cognitiva (pensamiento), afectiva (emociones) y comportamental (conducta), y que te puede ayudar a empoderarte frente a las circunstancias del día a día y a mejorar tu calidad de vida. 

Por eso les dejo 8 de los beneficios de ir a terapia psicológica:

1. Te ayuda a sentirte mejor

Al enfrentar junto a un psicólogo aquellos problemas que te causan dolor o malestar, y poder hablar con confianza y con libertad sobre uno mismo a alguien que no te juzga sobre tus sentimientos y tus experiencias, estás dejando expresar tus pensamientos y sensaciones ocultos, lo cual es beneficioso para el bienestar. Cuando expresas cómo te sientes y liberas tu carga emocional, te sientes aliviado. 

2. Te enseña herramientas para manejar conflictos

Los conflictos son algo normal en la vida de las personas y, en muchas ocasiones, son necesarios para el crecimiento personal o la convivencia con otros individuos. Las sesiones de psicoterapia te enseñan nuevas maneras (más adaptativas) de solucionar problemas. Además, te puede ayudar a percibir los conflictos de forma distinta, para que te afecten menos y seas capaz de relativizar la importancia de las situaciones tensa

3. Te ayuda a cambiar las creencias limitantes

Con nuestras creencias y valores damos significado y coherencia a nuestro modelo de mundo. Una misma situación puede ser vivida de forma distinta por cada persona.

Algunas creencias son desadaptativas o limitantes y es necesario corregirlas, pues éstas no son innatas, las vamos adquiriendo a lo largo de nuestra vida. Por ello, el psicólogo puede ayudarte a identificarlas, analizarlas, ponerlas a prueba y modificarlas.

4. Te ayuda a vivir en armonía contigo mismo y con los demás

La terapia psicológica es beneficiosa para encontrarte a ti mismo y para relacionarte con los demás de manera más efectiva. Esto va a afectar positivamente a tu salud mental, y te permitirá encontrar la paz interior y el bienestar.

5. Confidencialidad de las sesiones

La relación con el psicólogo es confidencial y estrictamente profesional, el profesional de la psicología debe garantizar el secreto y la confidencialidad de todo lo referido por quien le consulta. Por tanto, todo lo que digas en una sesión terapéutica será un secreto entre tu terapeuta y tú.

6. Relación de confianza y empatía

Además del conocimiento y la profesionalidad que debe mostrar el psicólogo, el entorno de confianza que se crea entre ambos te va a permitir expresar los problemas y sentimientos que consideras más delicados. El psicólogo no te va a juzgar y, además, tiene la formación necesaria para crear un buen entorno de confianza y empatía para que te expreses sin temor.

7. Asesoramiento profesional

El psicoterapeuta es un experto en la terapia psicológica, y tiene conocimientos sobre la conducta humana, pues ha cursado estudios. La terapia psicológica no es contarle los problemas a un amigo o familiar, pues existe una base sólida (tanto teórica como práctica) avalada por la ciencia.

8. Te empodera frente a la vida

Uno de los objetivos de la psicoterapia es que la relación entre el terapeuta y el paciente no sea de dependencia. Por tanto, el psicólogo te ayuda a ser dueño de ti mismo y a adquirir nuevas habilidades que te serán útiles en el día a día. 

Asistir a terapia psicológica no es esperar que el psicólogo te solucione los problemas, es aprender a aceptar y amar lo que uno es y poner la voluntad necesaria para cambiar lo que nos causa malestar o nos impide crecer.

Cuéntanos agregarías alguno más a esta lista de 8 beneficios de la terapia psicológica?

Puedes revisar otro de nuestros artículos:

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9 claves para combatir el Alzheimer

9 claves para combatir el Alzheimer

Hoy te traigo 9 claves para combatir el Alzheimer, y así puedas aplicar para mantener en forma la memoria, lo cual se convierte en una posibilidad de combatir o retrasar la aparición de demencias.

Para la mente:

Jugar al crucigrama, hacer sudokus, juegos de mesas, así como ir al museo o al teatro. Aprender nuevos idiomas, leer, aprender un instrumento musical

Ejercicio:

La actividad física diaria es importante. Mínimo 1 hora al día e incluso puede ser una caminata. Revisa nuestro artículo https://insightmental.com/caminar-caminar-y-caminar/

Descansa:

El dormir es muy importante para la actividad cerebral. Así que intenta descansar entre 6 y 8 horas.

Sobre la dieta:

Incluye en tu vida un estilo de vida saludable. Más frutas y verduras y menos carnes rojas te ayudarán.

Acude al médico:

Un chequeo cada 6 meses es esencial para comprobar que todo ande bien. 

Sobre las relaciones sociales:

Es bueno compartir con familiares y amigos. Hacer actividades donde conozcas personas también puede ser algo muy positivo.

Cuídate:

Evita ir en la bici o moto sin casco. Conduce con cuidado para evitar posibles choques de carros. También la ingesta de alcohol y tabaco

Si notas que la memoria falla ve al médico para que te chequeen. Nunca está de más. Tenemos servicios especiales en esta área, tanto individuales como grupales así que te invito a escribirnos si estás interesad@

En nuestras redes sociales, puedes encontrar más información sobre este tema, especialmente en Instagram

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resiliencia

7 aptitudes que mejorarán tu resiliencia

La resiliencia es la capacidad de sobreponerse a las adversidades de la vida y seguir adelante. Sin embargo, no todos nacemos con esta capacidad y hay personas que les cuesta más que a otra sobreponerse a lo que la vida les presenta.

Por eso hoy te dejo estos aspectos que conseguirán que seas más resiliente.

Aptitudes que mejoran tu resiliencia


  1. Consciencia de la situación, tus emociones, comportamientos y todo lo que esto conlleva. Para manejar tus emociones debes en primera instancia, conocer  cómo te sientes y las causas de estos sentimientos. Sin engañarnos o reprimirlos.
  2. Aceptación: hay cosas que no podemos cambiar, y los problemas son parte de la vida. Aunque no podemos evitar los obstáculos, podemos tener una actitud abierta y flexible, dispuesta a adaptarnos a los cambios.
  3. Control interno: eres responsable de tus actos o eres de los que culpa a todo lo externo de tus fracasos y problemas? Las personas resilientes, tienen un modo de control interno, que les permite asumir que sus acciones afectarán los resultados de una situación, y aunque si es verdad que hay cosas externas que no podemos controlar, lo cierto es que si podemos controlar nuestra actitud ante las causas externas y también el poder tomar decisiones.
  4. Visión clara: en una crisis es importante buscar una solución y las personas resilientes saben esto.  Mientras que hay algunos que no son capaces de percibir las oportunidades, las personas resilientes saben calmarse y reflexionar, tomando un poco de distancia para encontrar una solución
  5. Conexiones sociales: tener una red de apoyo siempre es importante. Poder explicar lo que pasa, las emociones y pensamientos que tenemos suele ayudar a que nos sintamos mejor. Amigos, familias, grupos de apoyo, cualquier círculo social es bueno para llevar a cabo esta actividad.
  6. Supervivientes y no víctimas: una persona resiliente, ante la adversidad se ve a sí misma como un superviviente y no como víctima de las circunstancias. Esto le permite mantener un equilibrio y sacar lo positivo aunque sea muy pequeño
  7. Ser capaz de pedir ayuda: cuando la fortaleza y los recursos internos son insuficientes para enfrentar los desafíos de la vida, es hora de pedir ayuda, un especialista que pueda guiarnos en el desarrollo de nuestras capacidades  internas.

Te consideras una persona resiliente? Déjame saberlo en los comentarios y en las redes sociales.

Te dejo por acá enlaces que pueden ser de tu interés

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