Ansiedad

Cómo diferenciar la ansiedad y la depresión

¿Cómo diferenciar la ansiedad y la depresión?

Algunas veces no somos capaces de saber si eso que tenemos es ansiedad o depresión, ¿es lo mismo?, ¿cómo lo diferencio?  Este artículo es precisamente para entender que existen cosas en las que pueden presentar similitudes y otras en los que son distintos.

Según la OMS, el 25% de la población tendrá para el 2030 algún problema de salud mental y después de la pandemia es posible que estos números aumenten, por lo que es importante darnos cuenta de que, aunque en muchos momentos podamos sentirnos solos, que nadie entiende lo que estamos pasando, la realidad es muy diferente.

¿Qué es la depresión?

La depresión es un trastorno del estado de ánimo, que se caracteriza por un ánimo decaído, pocas ganas de hacer las cosas que antes nos gustaban y falta de motivación para vivir la vida tal y como se nos presenta.

Las emociones que destacan en la depresión son: tristeza patológica, anhedonia, desinterés por las cosas.

¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es una emoción derivada del miedo, que surge en situaciones donde se anticipan resultados negativos y que nos prepara para afrontar esa consecuencia. En la ansiedad se destaca la preocupación excesiva, miedo patológico, falta de concentración, hiperactividad.

¿Cómo diferenciar la ansiedad y la depresión?

La ansiedad y depresión son formas de reaccionar o afrontar determinados sucesos. Si eso que ocurre se interpreta como una amenaza o peligro, se disparará nuestro sistema de alerta provocándonos ansiedad. Por el contrario, si se percibe como pérdida o error, es probable que provoque una depresión.

A modo general, en la ansiedad el sentimiento/emoción que más prevalece es el miedo, mientras que en la depresión predomina la tristeza.

Discleimer: para poder diagnosticar cualquiera de las dos cosas, es importante que un especialista haga una evaluación y que se cumplan ciertos criterios diagnósticos.

Con respecto a las preocupaciones, una persona con depresión interpreta todo como negativo, es como estar metido en todo momento en un túnel negro, mientras que la persona con un trastorno de ansiedad presenta una preocupación excesiva o rumiación y siente incertidumbre sobre su futuro.

La depresión se relaciona con momentos pasados, con no sentirse bien con la vida que se tiene ahora, en función del pasado, mientras que la persona con ansiedad vive con preocupaciones sobre su futuro.

La capacidad para disfrutar se ve afectada en ambos, aunque de forma diferente. La persona con ansiedad estará inquieta y acelerada, aunque seguirá participando de las actividades que le gustan, mientras que las personas con depresión muchas veces presentan anhedonia, que es la incapacidad de poder disfrutar de las cosas que antes le gustaban, esto hace que poco a poco dejen de hacerlas.

Estas son a grandes rasgos las diferencias entre uno y otro, pero lo cierto es que, en muchas ocasiones, suelen solaparse y no son tan sencillas de detectar, incluso pueden presentarse a la vez.

¿Cómo se relacionan la ansiedad y depresión?

En determinadas personas es posible encontrar depresión con algunos de los rasgos de ansiedad, y a la inversa, personas con ansiedad que presentan características propias de la depresión.

En ocasiones, hay situaciones que implican amenaza y pérdida a la vez, por lo que llevan a la activación de los dos sistemas con diferentes posibilidades de combinación.

Algunos síntomas aparecen por igual en ansiedad y depresión, por ejemplo, el centrar la atención en uno mismo y sus reacciones (autofocalización), las dificultades de concentración, el insomnio, el vértigo, y las náuseas.

Pueden llevar a conductas y pensamientos muy similares, aunque con causas y contenidos diferentes. Así, por ejemplo, la reclusión en casa que se da en la agorafobia con trastorno de pánico ocurre por miedo a experimentar una crisis de pánico y en la depresión la persona se queda en casa por la tristeza y falta de motivación.

¿Cómo sé si tengo ansiedad o depresión?

Como te he explicado en otros artículos, las emociones se presentan a tres niveles: cognitivo, fisiológico y conductual.

Síntomas de la ansiedad.

  • Sensación de ahogo. 
  • Pulso acelerado o taquicardia.
  • Molestias gastrointestinales.
  • Tensión muscular.
  • Dolor de cabeza. 
  • Preocupación, temor, inseguridad.
  • Tensión o nerviosismo. 
  • Hiperactividad.

Síntomas de la depresión.

  • Bajo estado de ánimo. 
  • Alteraciones en el sueño, falta o exceso de él.
  • Cansancio. 
  • Sensación de fatiga. 
  • Alteraciones en el apetito. 
  • Sentimientos de desesperanza. 
  • Pérdida de placer e interés por cosas que antes sí lo aportaban. 
  • Dificultades para concentrarse.
  • Sentimiento de inutilidad o culpabilidad.
  • Aislamiento de la red de apoyo social.

Es importante que busques ayuda profesional como la que te podemos brindar en el equipo de Insight Mental. Rellena tus datos en este formulario y nos pondremos en contacto contigo.

Mientras tanto y si quieres aprender más de las emociones, te recomendamos descargar nuestro ebook de emociones.

Te comparto este link, donde puedes ampliar más información sobre Ansiedad y Depresión, de parte de Pacific Medical Training.

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¿cómo ayudar a alguien con ansiedad?

¿Cómo ayudar a alguien con ansiedad?

Ayudar a alguien que está mal, no es una tarea fácil. Muchas veces no sabemos qué hacer, no entendemos por lo que la otra persona está pasando, nos sentimos mal de verla/o así. Es por eso por lo que en este artículo, quiero recopilar algunas maneras en las que puedes ayudar a esa persona.

Maneras de ayudar a alguien con ansiedad.

1. Infórmate.

Es muy importante que sepas aspectos básicos sobre la ansiedad, esto te ayudará a brindar una mejor solución, entendiendo qué le está pasando a la persona, ya que son muchos cambios a los que tal vez no estás acostumbrado. En este artículo del blog Todo sobre la ansiedad puedes leer más material.

2. Escucha activa.

La persona que está teniendo ansiedad necesita ser escuchada y no ser juzgada, escucha atentamente lo que te está diciendo. Si sabes que va con un profesional de la salud mental, pregúntale por la valoración que ha hecho de su situación.

3. Ten una actitud de entendimiento y comprensión.

Nadie a quien se le haya dicho cálmate lo ha hecho, ¿verdad? Y si te lo han dicho es molesto, ¿no te parece? La persona con ansiedad a menudo quiere explicar sus síntomas y lo que le pasa por la cabeza, sin sentir que los demás le juzgan o señalan.

4. Anímale a expresar sus sensaciones y sentimientos.

Si te sientes tranquilo/a para escuchar lo que el otro tiene que decir, invítale a que te explique y se exprese, no hace falta que contestes o digas algo, es mejor evitar comentarios sarcásticos o hirientes y juicios de valor.

5. Ayúdale a valorar y objetivar la situación.

Las personas con ansiedad, muchas veces tienden a sobrevalorar las amenazas e infravaloran sus recursos y herramientas, (puedes leer acá el artículo de distorsiones cognitivas), así que parte de nuestra ayuda puede ser analizar de forma objetiva y realista la situación, incluso si está abierto/a a buscar soluciones, puede ser una buena oportunidad.

6. Realizar técnicas de relajación.

Realizar ejercicios de respiración o la técnica de la relajación progresiva, puede ayudar mucho a la persona con ansiedad a rebajar la tensión nerviosa, tranquilizar la mente y el cuerpo y disminuir o provenir posibles crisis nerviosas. Puedes ver videos sobre esto en nuestras redes sociales.

7. Aprende mindfulness.

La práctica continua de la atención plena o mindfulness, nos ayuda a reducir el estrés y centrarnos en el aquí y ahora. Nos ayuda a observar los pensamientos, sensaciones y emociones sin juicio. Puede ser una práctica muy útil cuando se tiene ansiedad.

8. Buscar ayuda profesional.

Si la persona con ansiedad, aún no va con un psicólogo, puede ser de una gran ayuda que se lo recomiendes o intentes buscar a alguien, esto puede ser un paso muy importante para esa persona y hacerlo acompañado/a, será fundamental.

Espero que estas recomendaciones te sean útiles y puedas empezarlas a aplicar desde ya.

Si deseas que valoremos la situación de esa persona que te preocupa y te acompañemos a ti o a quien tiene ansiedad, escríbenos a info@insightmental. O dirígete a la página de terapia online y rellena el cuestionario para enviarte la información.

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10 distorsiones cognitivas más comunes

Las 10 distorsiones cognitivas más comunes

Las distorsiones cognitivas fueron propuestas por Aarón Beck en 1983, siendo uno de los aportes más importantes desde la psicología cognitiva, para el estudio de la mente humana. Vamos a repasar cuáles son las 10 más comunes.

¿Qué son las distorsiones cognitivas?

Las distorsiones cognitivas son sesgos de información erróneos o negativos. Beck (1983) hablaba de que las distorsiones cognitivas son errores sistemáticos en el procesamiento de la información.

Los errores cognitivos harán que se aplique, de manera rígida, ciertos esquemas mentales que dan lugar a respuestas des adaptativas que afectan a las personas.

Imagínate que temprano en la mañana tienes que ir al supermercado y en la cola te encuentras a una persona y esta es grosera contigo, intercambian algunas palabras y tú pasas todo el día pensando que horrible día, todo lo que hago me sale mal, esta persona me daño mi día entero. Esto es una distorsión cognitiva.

¿Cuántas distorsiones cognitivas existen?

Existen muchas distorsiones cognitivas. Beck, en un comienzo, enlisto 10, pero a medida que su investigación avanzó logró una lista de unas 20 distorsiones. Otros autores hablan de 13, 15, 18. Nosotros, en este blog, hablaremos de las 10 más comunes, pero hay más y a veces también varían según lo que le está pasando a la persona, por lo que cuando hay ansiedad hay algunas más comunes y otras cuando hay otros tipos de problemas.

¿Cuáles son las 10 distorsiones cognitivas más usuales?

1.- Pensamiento de todo o nada

Este se refiere al pensamiento dicotómico o polarizado, las cosas son blanco o negro, no existen las categorías intermedias. Podemos reconocerlos por palabras como: nunca, siempre.

Ejemplo: una persona está buscando trabajo, lleva su currículo a varios lugares, pero todavía no lo llaman y comienza a pensar “soy un fracasado, no sirvo para nada”.

2.- Generalización

Es suponer que por una sola vez que ocurre algo, normalmente negativo, ya siempre todo saldrá mal. No hay evidencia de que eso vaya a pasar de esa manera, pero la persona ya ha hecho una generalización.

Ejemplo: un día me sentía mal y agobiada mientras iba en el Metro, ahora creo que siempre que me monte en el transporte público, me voy a sentir mal.

3.- Filtro Mental

La persona solo ve lo negativo de la situación, es como la gota de tinta que tiñe toda el agua, es imposible ver algo positivo de la situación que esté ocurriendo. Este tipo de distorsión cognitiva es muy común en la depresión.

Ejemplo: llego 10 minutos tarde a una reunión del colegio de mis hijos y comienzo a creer, ya he estropeado todo, como me van a considerar un buen(a) madre/padre.

4.- Visión catastrófica

La persona siempre piensa lo peor sin ningún motivo concreto. Son el tipo de personas que constantemente dicen “y si”. Es muy común en la ansiedad y preocupación.

Ejemplo: una madre/padres que le dice a su hijo que mejor no vaya al cine con sus amigos, porque al pasar la calle podrían atropellarlo o podría sucederle cualquier tipo de evento catastrófico.

5.- Razonamiento emocional

Consiste en creer que eso que se siente es verdad, solo por sentirlo. Así si yo pienso algo negativo sobre mí o sobre los demás, es cierto porque así lo siento. Hay expresiones frecuentes al razonamiento emocional como si me siento así, es porque soy (inserta lo que la persona siente).

Ejemplo: Si siento que algo en mi trabajo no lo sé hacer o no se me da bien, es porque soy una inútil. 

6.- Los deberías

Las personas con esta distorsión cognitiva utilizan exigencias absolutistas y rígidas, que sirven de base o regla para medir su comportamiento, el de los demás y las cosas de la vida. Esta idea es la base de la mayoría de los problemas emocionales, porque al ser reglas tan rígidas y exigentes, no se da margen para el error.

Las palabras que más repiten las personas con este tipo de distorsión son: tengo que, debería de, no debería.

Ejemplo: un estudiante que en su casa siempre le dicen que su única obligación es estudiar, pensará constantemente, debo ser el mejor estudiante, tengo que aprobar el examen como sea.

7.- Personalización

Es atribuirse a sí mismo, todo lo que pasa en nuestro entorno, todo lo que los demás dicen o hacen, especialmente las cosas negativas. Esta información normalmente se emplea para juzgarse y compararse con los demás.

Ejemplo: vamos caminando y pasa alguien conocido y no nos saluda, la persona automáticamente piensa que le ha hecho algo y que no quiere saludarlo.

8.- Etiquetación

Es hacer una valoración general de alguien, basado en un aspecto negativo. Es hacer juicios de alguien solo por una característica o por algo que no te gusto.

Ejemplo: una persona quiso pagar solo su parte de la cuenta y ya la consideramos tacaño. O alguien no estaba pasándola bien en la fiesta/reunión y ya decimos que es un aburrido.

9.- Maximización o minimización de errores

Es exagerar la importancia de una situación o, por el contrario, reducirla como si no tuviera un impacto en la o las personas. Son comunes en las personas con baja autoestima.

Ejemplo: minimizar mis logros y magnificar mis fallos o imperfecciones.

10.- Falacia de la recompensa divina

La persona piensa que las cosas se resuelven solas en su tiempo, o que el tiempo le dará la recompensa. Son esas personas que te dicen “el tiempo lo cura todo”, “deja eso en manos de Dios para que se resuelva”. Quiero aclarar que esto no tiene que ver con tus creencias religiosas, sino que si tú no buscas soluciones a las cosas que se te presenten, nadie lo hará por ti.

Ejemplo: una persona tiene una deuda y no tiene el dinero para pagarla y cree que algo pasará y lo tendré.

Como ves, las distorsiones cognitivas son muy variadas y la mayoría de nosotros las utilizamos en nuestra vida cotidiana.

Por eso es tan importante aprender a identificarlas, para luego trabajar en cambiarlas, sobre todo cuando estas nos impiden tener bienestar emocional y una buena relación con los demás.

Si estás interesada/o en trabajar esto en terapia, nosotros podemos atenderte tanto de forma presencial en Barcelona, como en terapia online.

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¿cómo diferenciar la ansiedad, el miedo y el estrés?

Miedo, ansiedad y estrés. ¿En qué se parecen y cómo diferenciarlos? 

El miedo, la ansiedad y el estrés son emociones muy habituales y reconocibles en el ser humano, ya que en multitud de ocasiones las hemos experimentado. No es extraño escuchar a menudo comentarios como “estoy ansioso”, “pareces estresado” o “tengo miedo”, convirtiéndose en expresiones que ya forman parte de nuestro léxico común. Como muchas veces se utilizan como sinónimos, en las próximas líneas daremos las claves para diferenciarlas.

El miedo

El miedo, como decía Paul Ekman, es una de las 5 emociones más básicas y primarias del ser humano que nos facilita la supervivencia. Tan básica e importante es, que a su alrededor, se han establecido diferentes distinciones y dependiendo de su intensidad y función reciben un nombre u otro: miedo, horror, ansiedad, pánico, son tan solo algunos ejemplos de esta nomenclatura.

El miedo genera en nuestro organismo una activación fisiológica para responder de una forma adecuada a cualquier cosa o situación que valoremos como peligrosa y amenace nuestra integridad. El miedo promueve tres maneras básicas de responder ante el peligro: la lucha, la huida y el quedarse paralizado.

La ansiedad

La ansiedad, como el miedo, también genera una activación fisiológica para responder a una amenaza o peligro. Pero a diferencia de este, donde el peligro es identificable e inminente, en la ansiedad la amenaza es menos específica e irreconocible. Está más orientada al futuro que al presente, por eso se dice que es de carácter anticipatorio. La ansiedad toma cuerpo en la preocupación y rumiación, es ese run-run que resuena en tu cabeza y que te mantiene en un estado de alerta constante.

Con un ejemplo podemos explicarlo mejor: imagínate que cruzas la calle despistado y, de repente, viene un coche hacia ti a toda pastilla. Lo más probable es que, ante esa amenaza, el miedo desencadene una elevada activación fisiológica para que puedas apartarte (respuesta de huida) lo más ágil y rápido posible, procurando tu supervivencia. Pero puede que, posteriormente, estés de regreso a casa y vuelvas a recordar esa experiencia, quizá con más intensidad, si tienes que cruzar una calle. Y aunque no haya ningún coche cerca, ninguna amenaza real, ese recuerdo pueda generarte una sensación subjetiva de amenaza, desencadenando un estado de ansiedad, que aumente a medida que te acerques a un paso de peatones. 

En este segundo caso, como podéis ver, la percepción de amenaza es subjetiva, difusa y con escasa probabilidad de que ocurra de forma inminente, aunque la ansiedad consigue que se sobredimensione el peligro, su gravedad y su probabilidad de que vuelva a ocurrir.

Como el miedo, la ansiedad es otro mecanismo diseñado para la supervivencia y te prepara para reaccionar ante posibles amenazas. Pero el precio a pagar es un gasto de energía elevado, una sensación de malestar frecuente y, al igual que el miedo, también genera respuestas de huida o evitación, con la diferencia en que si la amenaza no es real o tiene poca probabilidad de aparición puede llevarnos a limitar nuestra vida de modo considerable e innecesaria.

Para el “Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales” (DSM-V), aparte de las características mencionadas, el miedo frecuentemente se asocia a “accesos de activación autonómica necesarios para la defensa o la fuga, pensamientos de peligro inminente y conductas de huida, y la ansiedad está más a menudo asociada con tensión muscular, vigilancia en relación con un peligro futuro y comportamientos cautelosos o evitativos”.

La ansiedad tiene múltiples ramificaciones y los trastornos asociados a ella se distinguen unos de otros según el tipo de objetos o situaciones que inducen miedo, las conductas evitativas empleadas o las creencias y pensamientos asociados. Una buena valoración y análisis de estas dimensiones puede ayudar diagnosticarlos y planificar un adecuado tratamiento (puedes leer aquí nuestro artículo de la ansiedad generalizada)

El estrés

El estrés, comparte con el miedo y la ansiedad la activación fisiológica para responder mejor a las demandas de la situación en la que nos encontramos, pero a diferencia de las emociones anteriores, lo que provoca esta respuesta no necesariamente tiene que ver con una amenaza o peligro.  

Como bien se recoge en los estudios sobre el estrés, la fuente que desencadena esta respuesta, y que se llama estresor, puede ser una situación que demanda más recursos de los que disponemos normalmente, pero sin ninguna connotación negativa o amenazante, como podría ser un reto o desafío que suscitara una respuesta de estrés para superarlo. 

Hay varios parámetros que entran en juego en la respuesta de estrés y que exponemos esquemáticamente a continuación: 

  1. El estresor, que son las situaciones, acontecimientos vitales o condiciones ambientales a los que se enfrenta la persona.
  2. La valoración primaria que hace referencia a la evaluación que hace la persona sobre las características del estresor y que podría considerarse como neutro, benigno/placentero, amenazante o desafiante.
  3. La valoración secundaria que evalúa los propios recursos de la persona y los compara con las demandas del estresor.
  4. El afrontamiento: si la situación se determina como amenazante o desafiante y los recursos actuales de la persona se consideran insuficientes, se activará la respuesta de estrés tanto a nivel fisiológico, cognitivo (para planificar y organizar la acción) como motor para hacer frente a la situación.

¿En qué se parecen el miedo, la ansiedad y el estrés?

El estrés, al igual que el miedo y la ansiedad, es un mecanismo de supervivencia que nos ayuda a responder mejor en algunas situaciones. Tener ciertas dosis de estrés puede favorecer a una mejor adaptación a una situación determinada y no tiene por qué ser perjudicial.

Al igual que la ansiedad, si el estrés se cronifica y es excesivo, puede llegar a generar un impacto negativo sobre nuestra salud. Aun así, a diferencia de la ansiedad y el miedo, el estrés no se activa siempre por una situación que se considera peligrosa.

Podríamos considerar, y algunos autores así lo hacen, la respuesta de estrés como un mecanismo que se presenta tanto en el miedo y la ansiedad y que dependiendo de la naturaleza de la fuente que lo genera se convertirá en ansiedad, miedo o simplemente como un proceso de movilización de recursos, aumentándolos si hace falta, para adaptarse a una situación.

Conclusión

En conclusión, aunque las tres respuestas se solapan en algunos parámetros (como que son mecanismos diseñados para favorecer la supervivencia y aumentan la activación fisiológica del organismo) existen suficientes diferencias para distinguirlos. El miedo y la ansiedad son consideradas como emociones, en cambio, el estrés es un proceso de adaptación al medio, que puede formar parte de la respuesta de estas dos emociones.

Espero que, a partir de ahora, puedes entender mejor estos procesos tan habituales en nosotros, te haya ayudado a distinguirlos y mejore tu adaptación a ellos. Pero si tienes dificultades para gestionar estas emociones, no esperes a que el problema se haga más grande y pide ayude psicológica.

Si te ha gustado este artículo y quieres más información al respecto o te gustaría informarte de nuestras sesiones de valoración o psicoterapia, puedes seguir este enlace y me pondré en contacto contigo lo antes posible.

Miedo, ansiedad y estrés. ¿En qué se parecen y cómo diferenciarlos?  Leer más »

trastorno de ansiedad generalizada

Trastorno de ansiedad generalizada: todo lo que debes saber

A menudo vives en una preocupación constante, que no te deja vivir tranquilo. Consumes el día dándole vueltas a todo lo que ocurre o podría ocurrir en tu vida. Eso te hace incluso a veces estar irritable o con dolores de cabeza y malestar. Si te sientes identificado, podrías estar sufriendo de ansiedad generalizada.

¿Qué es el trastorno de ansiedad generalizada?

Este trastorno tan común es uno de los tipos de trastornos de la ansiedad, el cual consiste en tener una preocupación desmedida, constante, persistente en el tiempo y difícil de controlar, que te impide tener un rendimiento o llevar a cabo tus actividades diarias.

Estas preocupaciones desmedidas, normalmente son por la seguridad propia o de familia, situaciones del ámbito laboral o escolar, las relaciones personales con amigos, compañeros de trabajo, el dinero, la salud, el manejo de la casa. Las personas con ansiedad generalizada (TAG), pueden llegar a preocuparse muchísimo por situaciones tan usuales como: reparar el coche, ir a una cita médica o hacer las tareas del hogar.

Se diría que la ansiedad en este trastorno se enfoca en los problemas más cotidianos, haciendo que los pequeños inconvenientes y dificultades de la vida, se conviertan en grandes problemas y preocupaciones.

¿Cuál es la causa del trastorno de ansiedad generalizada?

Actualmente, no hay una causa totalmente definida para el TAG. Hay estudios que hablan de un componente genético o también de la personalidad, que será un factor que podría determinar una mayor sensibilidad de tener un diagnóstico de trastorno de ansiedad generalizada, pero no es concluyente.

Para los estudios basados en el comportamiento, este trastorno tendría su base en los aprendizajes que se asimilan a lo largo de la infancia y adolescencia y, muchas veces, los modelos parentales sirven de espejo a nuestros comportamientos futuros.

Y según las teorías del apego, podría deberse también a una relación insegura con nuestros progenitores.

También podría deberse a experiencias traumáticas, o experiencias vitales que predisponen a tener un TAG, pero como lo anterior, no hay nada concluyente, cada persona es diferente y podrían ser diferentes factores interactuando a la vez.

¿Cómo saber si tengo trastorno de ansiedad generalizada? Síntomas

La ansiedad generalizada puede tener síntomas tales como:

  • Impaciencia
  • Cansancio o fatiga
  • Dificultades de concentración
  • Irritabilidad
  • Tensión muscular
  • Problemas de sueño

Todo esto se asocia a la preocupación excesiva y al deterioro de áreas importantes en la vida de la persona como la social, laboral o familiar.

Quiero destacar que esto solo puede diagnosticarlo un psicólogo o psiquiatra, quienes son los especialistas en salud mental, por lo que, si te sientes reflejado en lo que aquí se ha expuesto, por favor, no te autodiagnostiques y pide cita con tu médico o psicólogo.

¿Cómo se comporta una persona con ansiedad generalizada?

Vamos a poner un ejemplo, siguiendo el apartado anterior. Imagina que pasas todo el día dándole vueltas a una conversación que has tenido con tu pareja, donde te ha dicho que por problemas económicos dará de baja su seguro médico, esto tú te lo tomas mal, con preocupación, no te concentras y, por tanto, no cumples con tus actividades ni en el trabajo, ni la casa.

Te sientes de mal humor, si alguien se acerca a ti, es seguro que te sientas irritable, con dolor de cabeza o la espalda cargada, también pueden ser otros músculos.

En la noche no puedes dormir. Empiezas a hacerte mil preguntas, imaginándote los escenarios más catastróficos como que le puede ocurrir un accidente o enfermarse y no podrá tratarse, peligrando su vida. Tratas de idear todos los escenarios posibles y negativos de lo que puede ocurrir.

¿Te suena familiar?

A veces, para las personas con TAG, puede que haya momentos en los que no sabes qué pasa, porque no hay una preocupación definida, “no ha pasado nada”, pero aun así sigues sintiéndote mal, sientes ansiedad, su cuerpo no descansa.

Llegados a este punto, es como si las preocupaciones y el malestar, tienen el control sobre ti y no tú sobre ellas.

¿Cuál es el tratamiento para el trastorno de ansiedad generalizada?

El tratamiento del trastorno de ansiedad generalizada tiene como pilar el trabajo con las preocupaciones y todo el malestar que ellas generan, por lo que es importante generar recursos para mejorar todo esto.

El trabajo con los pensamientos

Aquí será valioso aprender a analizar los pensamientos y sus distorsiones y cómo esto interfiere en el día a día. Habrá que aprender a etiquetarlos con amabilidad y sin juicio para aprender posteriormente a reestructurarlos, con el fin de modificar el pensamiento distorsionado por uno que sea más adaptativo y realista

Podrías hacerte preguntas como:

  • ¿Cómo influye este pensamiento en mis emociones y conducta?
  • ¿Cómo puedo estar segura de que esto vaya a suceder? ¿Tengo pruebas irrefutables?
  • ¿Cómo podría cambiar este pensamiento para que fuera más adaptativo?

El diálogo interno

El modo en que te hablas a ti mismo está muy relacionado con lo anterior y es fundamental trabajarlo, tanto el contenido (qué me digo), que puede ser muy crítico y distorsionado, como la forma, el tono con el que me hablo.

No es lo mismo hablarse con amabilidad y compasión para redirigir los pensamientos que hablarte de manera grosera y ruda. Piensa en cómo le dirías (eso mismo que te dices a ti), a la persona que más amas y así seguro encontrarás la fórmula para decirte las cosas.

Técnicas de relajación

Que son ideales para gestionar los síntomas físicos. Puedes aprender la relajación progresiva, respiración diafragmática (te dejo aquí el link a mi video dónde te guío para que la pongas en práctica), un lugar seguro o el escáner corporal.

También puede servir hacer ejercicios, el yoga, tai-chi, y todo aquello que te ayude a relajarte.

Modificación de conductas des-adaptativas

Las cuales pueden surgir debido al malestar generado por estar con tantas preocupaciones y ansiedad, estas podrían ser: aislamiento social, conductas compulsivas, consumo de sustancias tóxicas.

Para ello lo primero es tomar consciencia de estas conductas y cómo influyen en el mantenimiento de la ansiedad y buscar conductas más adaptativas como hacer deporte, llevar una alimentación consciente, ir a terapia, buscar espacios de socialización y de distracción,

Quiero dejarte como idea final, que aprender a gestionar la ansiedad generalizada toma tiempo, requiere de tu energía, y disposición para poder sentir que los síntomas disminuyes y puedas recuperar el mando de tu vida.

Si sientes que no puedes solo con todo esto, puedes ponerte en contacto con nosotros para la terapia online.

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manejar un ataque de pánico

¿Cómo manejar un ataque de pánico?

Los ataques de pánicos están convirtiéndose en motivos de consulta cada vez más frecuentes para los psicólogos y por eso en este post, vamos a darte toda la información que necesites para que puedas entender más a profundidad lo que ocurre con los ataques de pánico.

¿Qué es un ataque de pánico?

Un ataque de pánico es un miedo abrumador y repentino, que no tiene una razón aparente y que pone al cuerpo en un estado de alerta. Normalmente, la primera vez que se tiene un ataque de pánico, la persona no lo asocia con eso, sino que cree tener un ataque al corazón debido a los síntomas fisiológicos que se generan y la intensidad de estos.

¿Qué le sucede al cuerpo en un ataque de pánico? Síntomas.

La principal característica es la intensidad que acompaña a los síntomas, que es bastante significativa. Así que lo que puedes sentir es:

  • Elevación de la frecuencia cardíaca, palpitaciones.
  • Opresión o malestar en el pecho.
  • Náuseas o malestar abdominal.
  • Sudoración.
  • Sensación de tener mucho frío o mucho calor.
  • Mareo o desmayo.
  • Ahogo, sensación de falta de aire.
  • Temblores.
  • Sensación de hormigueo o entumecimiento.
  • Despersonalización.
  • Desrealización.
  • Miedo a volverse loco.
  • Miedo a morir.

No tienes que experimentar todos estos síntomas, solo con 4 síntomas ya estaríamos ante un ataque de pánico.

Por otro lado, es importante que sepas que la duración de estos síntomas es de alrededor de 20 a 25 minutos, aunque hay unos 3 a 10 minutos bastante intensos y donde las personas se sienten muy mal.

¿Qué hacer en el momento en que se produce el ataque de pánico?

En un primer momento, hay que enfocarnos en dos cosas: calmar las sensaciones desagradables y distraer la mente del foco que está generando angustia.

Distraer la mente poniendo la atención fuera:

Para ello hay que visualizar, utilizar una imagen que te genere calma y que sea segura para ti. Puedes aprovechar algún sonido, una canción, un objeto que tengas a la mano y que puedas describir. Lo importante es que puedas distraer tu mente, con algo que sea agradable para ti. Esta meditación puede ayudarte a calmar tu mente.

Respirar profundamente:

Para bajar el ritmo de activación del cuerpo y las sensaciones físicas, necesitamos respirar. En un ataque de pánico, puedes sentir que te quedas sin aire, por eso es importante que recuerdes que si puedes respirar y que poco a poco trates de desacelerar tu respiración y tomar el control.

Para ello vamos a tomar aire por la nariz unos segundos y luego vamos a exhalar los mismos segundo. Puedes ayudarte contando mentalmente. Una vez que estés más en calma, entonces vamos a Inhalar unos segundos (5 segundos) y a retener (5 segundos) y exhala otra vez hasta (5 segundos). Repite varias veces, de esta forma tus sensaciones corporales van a disminuir y entrarás en un estado de mayor calma.

respiración diafragmática

Estas recomendaciones son generales, recuerda que es muy importante que consultes con un profesional de la salud mental para que te dé más pautas.

¿Qué hacer después de un ataque de pánico?

El ataque de pánico suele dejar muy cansada a la persona que lo ha pasado, por lo que ese día y los días posteriores, es importante que priorices tu autocuidado.

Por otro lado, una de las consecuencias más comunes es el miedo a que te vuelva a ocurrir, por lo que empieza a sentir esa ansiedad anticipatoria por si vuelves a experimentar una situación parecida. Aquí es muy importante trabajar esos pensamientos y no aislarte.

Mi recomendación y desde el equipo de Insight Mental, es lo que le decimos a las personas que nos consultan, es que vayan a terapia, porque es muy importante trabajar los miedos, los estresores actuales y acontecimientos que pueden haber sido traumáticos.

Además, un profesional de la salud mental podrá ofrecerte mayores herramientas para que puedas manejar la situación.

También podemos recomendarte que:

  • Incorpores en tu vida la práctica de la respiración profunda.
  • Tengas una rutina de ejercicios.
  • Elimines estimulantes como la cafeína, la nicotina, el alcohol.
  • Aprenda a reconocer y gestionar tus emociones.
  • Y trabajes en tu diálogo interno.

Espero que todo esto te ayude y no olvides consultar con un profesional de la salud mental si estás sufriendo de ataque de pánico. Te dejo el link para que vayas a revisar nuestras sesiones online.

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5 señales para saber si sobrepiensas

8 señales para saber si sobrepiensas

Nosotros los seres humanos pensamos todo el tiempo, lo que pasa es que muchas veces esto puede generarnos malestar y hacernos sentir mal, sobretodo, si estamos sobrepensando las cosas.

Como pensamos, afecta nuestras emociones, comportamientos y sentimientos.

¿Qué es la rumiación?

Es un pensamiento repetitivo sobre los problemas o preocupaciones que tenemos. La rumia se presenta muchas veces de manera involuntaria y genera mucha actividad mental, lo que consume mucha energía de la persona que está en ese proceso rumiativo.

A la rumiación también la llamamos sobrepensar.

Diferencia entre preocupación, rumiación y pensamiento obsesivo

Muchas veces estos tres términos se confunden o los utilizamos como si fueran sinónimos, pero hay algunas diferencias entre ellos

La preocupación:

Es un pensamiento continuo negativo que representa la oportunidad de dar con una solución.

La rumiación

Como te decía arriba, es un pensamiento repetitivo sobre los problemas que tenemos, fracasos y preocupaciones.

Pensamiento obsesivo

Es la fijación que tenemos sobre una idea y que genera mucho malestar.

Si te das cuenta las tres coinciden en que el pensamiento es repetitivo y perseverante, no para.

7 señales para saber si sobrepiensas

  1. La presencia de pensamientos negativos de forma automática, sobre uno mismo, los otros y el mundo.
  2. Catastrofizar las situaciones, siempre te colocas en lo peor, el escenario más fatalista.
  3. Revives constantemente situaciones o conversaciones en tu cabeza, buscando cómo podrías resolverlas de «mejor manera».
  4. Pensar constantemente sobre cosas del pasado que generan cansancio e impaciencia.
  5. Insomnio y problemas para conciliar el sueño por los pensamientos constantes.
  6. Te es imposible diferenciar lo que está en tu control y lo que no.
  7. Tienes una incapacidad de no tomar decisiones, te cuesta resolver problemas

¿Cómo podemos tratar la rumiación?

  • Lo primero es darnos cuenta de que estamos sobrepensando. Normalmente, te darás cuenta porque tienes cansancio mental.
  • Identifica lo que pasa en tu cuerpo y cómo están tus emociones. Si puedes escríbelo,
  • Busca ayuda profesional. Con un profesional podrás evaluar si lo que te pasa es un trastorno de ansiedad o si es otra cosa y aprender herramientas para trabajarlo. Te dejo aquí para que revises nuestra página de servicios.
  • Aprende a meditar, sobretodo para calmar la mente ansiosa.

Recuerda que todos pensamos y nos preocupamos sobre las cosas que nos pasan, el problema es no parar de pensar en ello y que esto no nos permita poder solucionarlo.

Te dejo acá un video corto de Instagram que hice de herramientas para calmar la mente ansiosa.

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síntomas físicos de la ansiedad

No entiendo qué me pasa. Los síntomas físicos de la ansiedad

La ansiedad es uno de los problemas psicológicos más comunes hoy en día que adopta, en su vertiente patológica, diferentes trastornos como la ansiedad generalizada, el trastorno de pánico con o sin agorafobia, los trastornos fóbicos o el estrés postraumático entre otros.

La ansiedad, como explican los psicólogos Clarck y Beck (2010), es una respuesta a la forma en que tendemos a percibir la realidad, dirigiendo nuestra atención hacia un determinado aspecto de esta e interpretándola de forma amenazante. Por lo tanto, la ansiedad se produce debido a que nuestro sistema de procesamiento de la información interpreta una situación como amenazadora para los intereses vitales y para el propio bienestar.

Es entonces cuando nuestro cuerpo reacciona a esta interpretación sesgada de la realidad mediante diversas manifestaciones físicas de diversa índole e intensidad. Muchos de estos síntomas y sensaciones corporales generan un elevado malestar y se perciben como una señal de un inminente peligro y amenaza.

Incluso pueden llevarnos a pensar que nuestro organismo está a punto de entrar en colapso y llevarnos a la muerte. Pero, aunque pudiera parecer lo contrario, estos síntomas tienen la misión de protegernos y activar nuestro programa de supervivencia, es decir, el que nos impulsa a enfrentarnos al peligro mediante una respuesta de lucha, huida o parálisis. Es decir, son unas reacciones normales de nuestro cuerpo que se activan en una situación amenazante para mejorar nuestra respuesta en dichas situaciones.

Por tanto, las sensaciones y síntomas de la ansiedad pueden ser molestas y desagradables, pero no son peligrosas. Las causas de estas sensaciones son diversas (Pastor y Sevilla, 2014) y a continuación explicaré las principales con mayor profundidad.

Síntomas físicos de la ansiedad

  • Taquicardia o frecuencia cardiaca elevada: esta reacción se produce porque, en una situación que interpretamos como amenazante, el cuerpo se prepara para la actividad física que permita la lucha o la huida, y por tanto, los músculos necesitan oxígeno y azúcar que provienen de la sangre para responder con rapidez. Para eso, el flujo sanguíneo debe de aumentar y para conseguirlo el corazón bombea a mayor velocidad aumentando la tasa cardiaca. Estos cambios, a su vez, también pueden conllevar palpitaciones, opresión en el pecho y dolor en la región precordial.
  • Ahogo o dificultades para respirar: la necesidad de mayor oxígeno para una mejor respuesta física produce que, involuntariamente, respiremos más rápido, aumentando el oxígeno en sangre, llevándonos a la hiperventilación. Para eliminar este exceso de oxígeno aparecen los síntomas de ahogo que, aunque molestos, son totalmente inocuos. Está hiperventilación también pude producir la sensación de irrealidad, opresión en las sienes o cambios de temperatura. También la sensación de ahogo o la dificultad para poder tragar puede deberse a la tensión muscular del cuello y garganta.
  • Tensión muscular, contracturas y sensación de piernas débiles: cuando la ansiedad aparece prepara al organismo para hacer frente a la amenaza mediante la respuesta de huida o lucha, activando los músculos, tensándolos, para prepararse a la acción. Cuando esta activación se prolonga en el tiempo sin pasar a la acción, causa el dolor muscular y la sensación de debilidad por la tensión acumulada.
  • Calambres, temblores: estas sensaciones corporales también se deben al mantenerse, durante un tiempo prolongado, la tensión muscular sin realizarse actividad física.
  • Sensación de irrealidad y percepciones de extrañeza: cuando estamos calmados, la activación cerebral se ubica en el neocortex pero cuando estamos ansiosos se activan partes cerebrales como la amígdala y el locus coerelus. Cuando estas zonas cerebrales toman el gobierno de la actividad mental, nuestro funcionamiento es menos racional y este cambio de programa puede ser percibido con extrañeza.
  • Problemas digestivos, náuseas, estreñimiento, diarreas: cuando estamos ansiosos, el sistema digestivo se paraliza para destinar todos los recursos a la respuesta de huida o lucha por la amenaza. Al detenerse la actividad de forma brusca si el aparato digestivo estaba en funcionamiento, dependiendo de que proceso estuviera en marcha, notaremos una u otra sensación
  • Cambios en la temperatura corporal: el aumento de sangre en los músculos para su activación produce una elevación del calor corporal. Por otra parte, este aumento de temperatura origina la puesta en marcha del sistema de refrigeración a través del sudor. Cuando se reduce el aporte sanguíneo a las zonas periféricas se reduce la temperatura y aparece el sudor frío.
  • Parestesias o adormecimientos: estas sensaciones se producen porque al entrar en el modo de supervivencia se produce la vasoconstricción periférica en venas y arterias ubicadas cerca de la piel, que ayuda a no desangrarse y disminuir la percepción del dolor en caso de herida. El descenso del riego sanguíneo en estas zonas puede provocar el enfriamiento de la piel y que puedan dormirse la cara y los pies.
  • Dilatación de las pupilas y cambios de visión: estos cambios en nuestro aparato ocular se producen para conseguir una mayor percepción de nuestro campo visual. Pero, al mismo tiempo, puede generar una sobreestimulación de las células oculares por una inadecuada dilatación ocular al grado de luminosidad ambiental, provocando molestias lumínicas, imágenes borrosas o manchas en la visión.

En conclusión, si sufres ansiedad recuerda que estos cambios físicos se producen para ayudar al organismo a mejorar su respuesta ante una amenaza. Y aunque puedas percibirlas como muy molestas o desagradables en ningún caso son peligrosas o dañinas.

Si estás interesado en realizar terapia, te invitamos a revisar nuestra página de servicios y para más información, visita nuestras redes sociales

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fobia específica habituales

Diez fobias específicas habituales

En el artículo de hoy, hablamos de 10 fobias específicas habituales, una breve descripción y su tratamiento

Una fobia específicas es el miedo a un tipo concreto de objeto o situación (por ejemplo: el miedo a volar o a las agujas) y que las personas que lo padecen tienden a evitar por completo. La clave de las fobias específicas es que la persona tiene miedo a la situación u objeto en sí misma y no a sufrir un ataque de pánico.

Las fobias específicas afectan a muchísimas personas, se cree que el 10% de la población, sufre de alguna y que esta afecta su vida laboral o social. Hay muchas fobias, existe una listas de más de 100 tipos de fobias  aunque en este post hablaremos de 10 que son bastante comunes. 

Diez fobias específicas

Pánico escénico:

Es el miedo a hablar en público y es una de las fobias más comunes, se cree que el 70% de la población lo sufre. Muchas personas con esta fobia, esconden un miedo a 

  • Ser juzgado como raro o inferior a los demás
  • No rendir o hacerlo por debajo de las posibilidades o a cometer errores delante de los demás
  • Miedo a que los demás vean que están nerviosos 
  • Miedo al fracaso o rechazo
  • Ansiedad por la incertidumbre

Una de las cosas que ocurre es que las personas que sufren pánico escénico, viven anticipando lo que va a ocurrir, esto lo que hace es que antes de la actuación o discurso haya más ansiedad. Para muchos, esto desaparece cuando comienzan su actividad, pero para otros continua durante la ejecución, que en algunos casos puede llegar a ser notorio a nivel corporal (sudoración, temblor, nauseas, entre otros).

Miedo a volar

emigrando

Es la segunda fobia más común y afecta a un 20% de la población, que evita volar o que lo hace con mucho malestar, esta fobia puede ser muy molesta porque podría evitar que una persona tome un empleo, visite a su familia o vaya de vacaciones.

El miedo volar también puede estar relacionado con la claustrofobia o con el miedo a las alturas (acrofobia), también se relaciona al miedo de sufrir un accidente, a encontrarse con turbulencias o en general a no tener el control de la situación.

Claustrofobia

La claustrofobia es el miedo a verse encerrada y no tener escapatoria, este miedo puede manifestarse como no querer estar en habitaciones pequeñas, en lugares donde hay muchas personas, también evitar lugares con mucho tráfico, en el metro, no querer someterse a un tratamiento o exámenes médicos (como es el caso de la resonancia magnética). Esto último puede juntarse con el miedo a quedarse sin aire y asfixiarse, por lo que esta situación puede llevar a un ataque de pánico.

Hipocondría (miedo a tener una enfermedad)

La hipocondría se define como una preocupación excesiva sobre la posibilidad de tener una enfermedad grave, incluso aunque la revisión médica lo haya descartado. A menudo, la persona tiene un solo síntoma como puede ser un dolor de cabeza, o una molestia estomacal y esto lo toma como prueba de que sufre una enfermedad, que puede acabar con su vida. Algunas personas hipocondriacas visitan al médico constantemente y se hacen examinar de forma repetida, mientras que un porcentaje bajo evita totalmente ir al médico por miedo al posible diagnóstico.

A menudo se considera la hipocondría como parte del espectro de los obsesivos compulsivos, porque suele implicar la presencia de miedos intrusivos, seguido de comprobaciones compulsivas. Sin embargo, el tratamiento que se realiza, es el típico trabajo de una fobia específica.

Odontofobia (miedo al dentista)

La odontofobia, puede implicar el miedo y la evitación de la odontología en general o un miedo más específico en relación con exponerse a un procedimiento en particular.

En estudios se ha reflejado que la mitad de los estadounidenses no quiere ir al dentista pero sólo un porcentaje bajo sufre fobia, a tal punto que no quieren visitar al dentista a menos que sea una situación de gravedad. Esto puede acarrear diversos problemas de salud.

Fobia a la sangre o inyecciones

fobia inyección

El miedo a la sangre, a las heridas con sangre y a las inyecciones normalmente van de la mano. El 70% de las personas que tienen fobia a la sangre tienen fobia a las inyecciones. Mientras que el 30% de los que tienen fobia a las inyecciones tiene miedo a la sangre.

El miedo a las inyecciones puede tener graves consecuencias para la salud porque la persona puede negarse a que le tomen muestras de sangre o que le administrar medicamentos por vía intravenosa. Entre todos los trastornos de ansiedad, la fobia a la sangre o a las inyecciones tiene el grado más fuerte de incidencia familiar. Hasta el 60% de las personas con esta fobia tienen a un familiar que también la sufre.

Otra característica inusual de esta fobia con respecto a otras, es la respuesta del desmayo. Las personas con esta fobia, tienen una respuesta de dos fases; la primera fase es una respuesta normal de ansiedad, se puede detectar un aumento del ritmo cardíaco y otros síntomas característicos, a esto le sigue una segunda fase que es el descenso repentino de la presión arterial, que implica una reducción del flujo sanguíneo al cerebro y que resulta en desmayos. Hace falta trabajar estas dos fase en terapia.

Emetofobia (fobia al vómito)

El miedo el vómito tiene una incidencia alta ya que puede adoptar diferentes formas: miedo a vomitar, hacerlo en público, a ver un vómito o a ver a alguien vomitar. La emetofobia puede desarrollarse en la niñez o en la edad adulta y parece persistir durante mucho años. Detrás de este miedo subyace un miedo general a perder el control. Cuando el miedo es muy grave las personas pueden ver muy limitada su vida ya que evitan viajes largos, sólo acuden a sitios donde puedan acceder fácilmente un baño, no quieren estar cerca de bebés o de personas que están enfermas. También son personas que están muy atentas a sus problemas intestinales, por miedo a que esto les pueda provocar vómitos.

Acrofobia (miedo a las alturas)

La acrofobia es una fobia muy común, aparece combinada de otras fobias como el miedo a volar, a subir a un ascensor o a conducir sobre un puente. A veces este miedo se confunde con el vértigo. El vértigo es la sensación de que las cosas que hay alrededor de uno están girando y esto no tiene que ver con la acrofobia. Una reacción más habitual si se tiene miedo a las alturas son los mareos y la pérdida del equilibrio de forma momentánea.

Fobia a insectos y otros animales

araña

Las fobias a determinados animales son muy comunes, normalmente se tiene miedo a las serpientes, murciélagos, ratones, ratas, perros, gatos, aves, arañas, abejas, cucarachas, entre muchas otras. Las personas con este tipo de fobias evitan no sólo al animal, sino zonas donde creen que pueden verse expuestos a estos animales. En casos más graves el solo hecho de ver una foto del animal conduce a tener un ataque de pánico.

En la infancia muchos de estos miedos son habituales y se consideran normales. Sólo cuando alteran significativamente la vida de la persona, es que se considera una fobia y se recomienda tratarla

Miedo a la muerte

El miedo a la muerte o la tanatofobia puede implicar uno de estos temores:

  • Miedo a la inexistencia.
  • Lo desconocido, a no saber qué va a pasar después de la muerte.
  • A que la experiencia más allá de la muerte sea negativa, a partir de creencias religiosas como el infierno.
  • La enfermedad, el dolor y el sufrimiento asociado con la muerte.
  • Miedo a la muerte de un ser querido.
  • A lo que le pasará a nuestros seres queridos después de la muerte de la persona.
  • Miedo a aquello que está muerto, como cadáveres, o cosas asociadas a la muerte como ataúdes, funerales y cementerios.

Para muchos este miedo es muy básico y está detrás de la gran mayoría de miedos que presentan las personas.

Tratamiento

La terapia cognitivo-conductual ha demostrado a lo largo de los años, ser de lo más eficaz para tratar los diferentes tipos de fobia, una parte de esto se debe a que las personas con alguna fobia, tienen pensamientos distorsionados, que al trabajarse, pueden ir cambiándose por pensamientos más adaptativos.

La exposición progresiva, como parte de la terapia conductal, es parte normal del tratamiento y aquí hay que hacerlo en conjunto con la persona, para irlo haciendo poco a poco y dentro de sus capacidades para afrontar el miedo.

En la actualidad, la realidad virtual está demostrando ser muy eficaz en el tratamiento de las fobias, ya que permite a la persona exponerse de manera segura, pero muy real, a ese miedo que tiene y que le incapacita su vida.

El mindfulness y la terapia de aceptación y compromiso suelen ser también parte del tratamiento para que la persona aprenda a manejar sus pensamientos, emociones y sensaciones corporales. Y combinado con estrategias de relajación, hace que el tratamiento de fobias sea eficaz y en algunos casos de rápida remisión de síntomas. 

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gestionar ansiedad

¿Cómo podemos gestionar nuestra ansiedad?

La ansiedad a veces llega a nuestra vida y la cambia por completo, haciendo que las cosas sean más difíciles de lo que probablemente eran antes. Muchas veces no sabemos qué pasa ni por qué están ocurriendo estas cosas, por eso es importante tener algunos conocimientos básicos que nos permitan buscar la ayuda adecuada para nuestra situación

¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es un mecanismo del organismo para dar respuesta a una situación donde nos sentimos amenazados, es adaptativo, necesario y universal porque nace del miedo que es una emoción básica. Ahora bien, cuando este “mecanismo” comienza a mandar un mensaje de alerta continuada puede que se produzca sintomatología, que afecte nuestra vida cotidiana

La ansiedad es una respuesta del organismo, a una situación donde nos sentimos amenazados, aunque es una reacción normal, sostenida en el tiempo puede ser perjudicial

¿Cuáles son los síntomas de la ansiedad?

Existen diferentes síntomas y no necesariamente tienes que experimentarlos todos. Recuerda que esto no es para que te autodiagnostiques sino para que tengas una idea general de lo que podría estar pasando y que busques la ayuda adecuada para ti. Esos síntomas podemos clasificarlos en:

Físicos: palpitaciones, taquicardia, mareos o sensación de inestabilidad, nauseas, sensación de malestar en el estómago, sudoración excesiva, sensación de ahogo, temblores, rigidez o debilidad muscular, insomnio, tensión muscular, hormigueos, fatiga y dolor de cabeza tensional.

Emocionales: sensación de agobio, miedo, sensación de falta de control, irascibilidad, inseguridad, sensación de extrañeza y/o vacío, incertidumbre, mayor vulnerabilidad, inquietud.

Conductuales: hiperactividad o hipoactividad motora, bloqueo, impulsividad, deseo de escapar o huir de la situación, estado de alerta permanente y dificultad para permanecer tranquilo.

Sociales: dificultades para seguir el curso de una conversación, verborrea, quedarse en blanco, dificultades para expresar sus opiniones y emociones.

Como ves, son muy variados, por eso es importante que hagas un monitoreo de tus emociones y sensaciones físicas.

Y si me siento así, que es lo que tengo que hacer:

Cuestiona tus pensamientos en estos momentos

 Anota en una hoja lo que piensas. En otra columna justifica con datos lo más objetivos posible, aquello que estás pensando. Si no hay datos objetivos seguro es un pensamiento irracional hay que no hace falta dedicar más tiempo.

Focaliza tu atención en aquello que si puedas controlar o que esté en tus manos.  Abajo te dejo un descargable que te ayudará con esto

Valida y acepta tus emociones.

Son normales, molestas pero normales. “Siento sudoración, calor y me late el corazón más deprisa, estoy con inquietud”. Es normal que te sienta así, no tienes que luchar contra estas sensaciones, poco a poco se irán pasando.

Expresa tus emociones con aquellos a los que quieres.

Puedes hablar de lo que sientes, de lo que te preocupa, con alguien que haga una buena recepción de tus palabras, que te comprenda, que no te juzgue, tampoco son necesarios los consejos rápidos para intentar hacer algo que te quite esa sensación.

Otras recomendaciones son:

  • Puedes respirar profundamente, con serenidad, tres veces  y luego continuar tus actividades.
  • Intenta moverte de vez en cuando, no estés mucho tiempo sentado/a. Realiza alguna actividad física, es suficiente con que sea moderada
  • Cuida y fomenta las relaciones sociales. Conversa con familiares y amistades.
  • Focaliza tu atención en lo que vas a hacer de manera inmediata. Realiza actividades que te gusten de vez en cuando.
  • Intenta mantener hábitos de sueño y alimentación saludables.
  • Diseña objetivos sencillos a trabajar durante el día y haz lo posible para conseguirlos, a veces incluso aunque no te apetezca. Disminuye un poco el ritmo de las cosas que tienes que hacer.

Espero que todo esto sea de ayuda y te permita dar los primeros pasos para que puedas mejorar. 

Descárgate el autorregistro para empezar a trabajar tu ansiedad y contacta con nosotros si deseas realizar sesiones psicológicas.

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Sesiones de psicología

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